28 de nov. 2012

magic land



Pienso en cómo debe hacerse una propuesta de libro, cuál es el formato más convincente, la mejor estructura. Le doy vueltas a cómo disponer las escamas de un pescado que no tiene ni raspas. Actualizo el inventario de ideas que se han quedado en el aire, intentando pescar la más prometedora. Ritual absurdo éste de ser ojeadora de mí misma en un partido jugado más allá del extrarradio.
Y mientras busco destellos de la gran novela catalana con visos de relato generacional, el camarero me trae la cerveza que pedí hace un rato. Una 33 fresquita y un platillo de cacahuetes. Así, plantificada sobre la mesa, la botella de medio litro me tira de los ojos hacia el mar que se extiende más allá de su perfil tostado. Y se me van los adjetivos por delante para hacerle cosquillas a la enjundia de este paisaje.
Una playa de ciudad al pie de la Corniche, varada entre las fauces de un hotel de lujo y un parque de atracciones. Nada más sórdido que este parque descolgándose sobre el Atlántico, robándole leguas al mar y destripando el imaginario infantil de quién por ahí pase.

Y vuelvo a mirar el mar. Un mar happy hour. Por el precio de un azul cristalino te llevas el gris metal de media tarde, el azul petróleo de hace un minuto, el amarillo puerto de Londres que algún impresionista ha colado en mi retina y el blanco lefa de las olas del mar urbano.
Otro trago y de repente, una playa en floración.
A lo lejos, una silueta hace equilibrios sobre una tabla de surf. Como una mosca ante un espejo, el surfero se da de bruces contra un mar plano y reflectante.
Los pies sumergidos hasta el tobillo, un par de estudiantes hablan de todo sin decir gran cosa para dejar que siga corriendo el aire entre sus manos. Las olas en el rompeolas se arremolinan al ritmo de lo que ellos piensan y no se dicen.
A primera fila, platea de arena, tres muchachos y dos señoras siembran las mesas del merendero clandestino que sirve pescado a la brasa de lo obstinado. A la brasa de lo que sucede en el paréntesis de un hotel de lujo y un parque de atraccciones. Las mesas y sus sillas, reposo de tísicos de salitre y desnutridos de horizonte, puntúan la barrera entre el mar el fútbol la brasa y yo.
Antes que ocupen por completo el terreno de juego, diez tiarrones se afanan en colar el balón entre las piedras que dibujan las porterías. Una especie de liga de campeones descascarillada se despliega sobre el terreno, dibujando estrategias de ataque inspiradas en los jugadores que ya cruzaron el estrecho de las retransmisiones por satélite. El banquillo de este estadio se yergue en las neveras de picnic dónde las doñas guardan la mandanga fresca. Zumos de colores y cocacolas en botella de cristal. Semejante botín custodiado por las nalgas de un aprendiz de árbitro, cancerbero en funciones, que vocea penaltis y espera que le dejen entrar al rondo a ver si pilla algo.
Cerveza y a otra cosa. Más allá del mar las mesas el fútbol las brasas y yo, suena el muecín de las mezquitas más cercanas. Y le recuerda al mundo que ya pronto cae la noche y en cualquier momento la muerte y la vida. Y los estudiantes con su remolino de hormonas y hormigas se van hacia la residencia, no sea que luego digan que ya te dije que dónde digo ni te cuento. Y las doñas, que no se inmutan, prenden el fuego y sazonan los pescados de la última cosecha.
En el extremo derecho del paréntesis, el hotel de lujo enciende las farolas del embarcadero privado. Las palmeras del recinto le acarician el África tour-operada a algún matrimonio recién casado.
Apuro la cerveza y pienso en cómo escribir una propuesta de libro. En el formato más convincente, la estructura de los capítulos. Y lamento haberme quedado, de nuevo, atrapada en el brillo de las escamas de este pez que ni raspas tiene.




3 comentarios:

Thiago Florencio ha dit...

Maravilhoso!!! Um livro à beira-mar, repleto de entrecruzadas, movido pelas espumas das ondas e todas as contradições da vida. Esse já é o formato do livro. Beijos!!!

alnavars ha dit...

M'ha agradat molt! Si vols escriure un llibre i tens dubtes, ves a l'aigua, que és curativa! ;)

marta vallejo herrando ha dit...

tens tota la raó Albert ;) potser que ens posem a envasar l'aigua dels bassals de Castellví i ens deixem de llibres i d'hòsties!

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