16 de set. 2014

The body




i like my body when it is with your
body. It is so quite new a thing.
e.e. cummings


It’s been three days since I came back to Alexandria after one month in Barcelona. Bureaucrat holidays that can be summarized as a feast of pork and beers, of gossips and hugs. Before taking the plane to Barcelona, an Alexandrian friend told me that he was in love. That he had wanted to kiss her even before hearing her voice. And luckily enough, she wanted to kiss him back. By the time when he told me about it, they had already had tea in every downtown café, the had walked every kilometer of the Corniche and once they had even held hands while watching a German movie.


On August 26, a 32 years old man ate something and then stopped eating. “At 4 pm today, I celebrated with my colleagues my last meal in prison”. He stated it in a letter that was published in several newspapers and countless facebook accounts. A man 32 years old, a woman 27, a woman 20, a man 26, and thus up to 130 people in Egypt with their empty stomachs, on hunger strike.
Before being in jail they were in the streets, shoulder to shoulder. Some of them were already there before 2011, some of them arrived later to the catacombs of resisting against something thick and shapeless. They come from the teenager rooms with stickers on the walls and from the slogans scratched in virtual walls. They carry diverse reasons through dispersed jails, women and men who have considered that they haven’t any other tool left but their bodies locked in a cell. And they won’t eat until they leave it.


I’m drinking a beer with my friend. One month later he’s still in love and I ask him to update me and tell me everything about it. And he tells me that he feels very tired, with pains in his bones and his brains, he lacks strength and feels down. He’s been searching in Wikipedia for an explanation about what’s wrong with him. And internet says that depression the closest name for what he’s going through. My friend is simultaneously in love and depressed.
Following the path of Wikipedia knowledge I discover Herophilos, a Greek doctor of the days when Alexandria was the center of Greece. The internet says that many centuries before christ, he was the first one to dissect corpses to learn how to diagnose the human diseases. That he would count the pulses of his patients with a water clock and analyze their hearts to find out about their pains. And thus he established, apparently for the first time, that we think with the brains and pump with the heart,


As of today, I am depriving my body of food (…) for the dignity of the body needs the embrace of loved ones”. On September 13 the man who signs this letter is still fasting. He’s somebody’s son, brother, husband, father and friend and yet with all this love, after much thinking, he has decided to stop eating as a strategy. Doctors say that after 15 days of fasting, you lose the sensation of thirst, you feel cold and cannot stand up. By the 35th day you might vomit constantly and your eyes move out of control. After 40 days you might get deaf and by the 45th day your heart can stop beating at any time.


Herophilos found out about the functions of a couple of fragile and critical organs. And by the time when he had published many treatises on how we live and how we die, he started to suspect that his patients’ pains had something to do with their dreams.


On march the 2nd 1974 four men and a woman have dinner in a Catalan house. A cinema director has secretly gathered them to discuss the why of their experiences as political prisoners. They speak with complex words and very organized sentences. Synthesis, conjuncture, enemy, struggle. They get lost in the path of red book rhetoric and discuss tactics, techniques and strategies.
By the time of desserts, with whisky bottles and ashtrays on the table, the only woman takes the floor:
there’s something a want to say. I believe that the revolutionary doesn’t discover enthusiasm for life when in jail. That is, one of the reasons that I find fundamental for a process of struggle (…) is nothing but this enthusiasm for life. A passion, an energy.” 1.


Throughout the day, today, my friend in love will be hugged by his girlfriend. Throughout the day, today, a group of men and women will eat out of their previous hugs. And their pulse will accelerate. Sometimes the body gets sick. Sometimes the world gets sick. But we don’t know how to diagnose it. 


 
1El sopar, Pere Portabella. 1974.

14 d’ag. 2014

aniversari



trobaré a faltar la tardor de casa
quan el setembre s'allargui sobre el mar
em faltarà el mar quotidià
quan la tardor arribi tard, plugim sobre el passeig

trobaré a faltar els records a mig passeig
quan camini amb amics sense passat
trobaré a faltar el futur
quan els amics es facin grans

trobaré a faltar el setembre
quan arribi la tardor

20 de jul. 2014

carta a un amigo muerto


A pesar de lo triste que suena esto, la idea es escribirte una carta sin tragedias. 

La última vez que te vi, hace cuatro años y algunos días, caminabas por el carrer del carme y yo iba en bici hacia el trabajo pedaleando en contradirección. me acuerdo que llegaba tarde y que tú cargabas el saxo al hombro. recuerdo exactamente la ropa que llevaba ese día y ahora que lo pienso, tengo el vestido colgado en el armario. en los útimos cuatro años ha habido temporadas en que no podía ponermelo porque me quedaba pequeño y temporadas como ahora, que me viene grande. 

Cuando nos vimos, la última vez que nos vimos, nos dijimos buenos días, nos alegramos de haber coincidido en esa calle a esa hora de la mañana. Porque hacía tiempo que no sucedía y tus horarios y los míos, y tus amigos y los míos, y tus calles y las mías, y nos estamos haciendo mayores y tú en qué andas y todo eso. Y ya en la oficina nos volvimos a saludar por el chat y nos contamos precisamente eso, que tú ibas hacia un ensayo y que yo llegaba tarde y que cuándo era tu próximo concierto y que joder, no sé si llegaré a tiempo porque sabes, me mudo. de piso? no, qué va, tío. me ha salido una beca y me voy a áfrica, ya ves. en principio por un año y si me mola igual dos. en el curro todavía no lo saben, pero lo más seguro es que me marche dentro de un mes.

No tenéis ningún concierto pronto cerca de barna? pues sí, igual hacemos un bolo por hospitalet, ya te digo cuando lo confirmemos. después seguí con los mails y le dije a una amiga del curro que a ver si se apuntaba a un concierto de unos amigos de la escuela y ya de paso nos despedíamos antes de que me fuera a Senegal. Mi amiga del curro ahora tiene una hija, se llama Olivia y tiene un año y medio o dos, quién sabe. Al concierto no fuimos porque para entonces tú ya te habías muerto. 
Un par de semanas más tarde, mientras preparábamos una cena de reencuentro con las amigas de la escuela, Núria me llamó muy temprano. ese día también llegaba tarde al curro, porque el curro no me gustaba y porque las noches me gustaban más. se me hizo raro que llamara tan pronto, pero lo de las quedadas multitudinarias suele ser complicado y pensé que igual era un rollo de confirmar reservas y eso. pero no. me llamó y me dijo que te habías muerto la noche anterior. 

Pensé en tus padres y en tus hermanos. y después dejé de pensarlo porque no me cabía en el cuerpo lo que a ellos les dolía. Pensé en qué estaba yo haciendo esa noche mientras tú tenías un accidente y te morías y no supe acordarme. entonces pensé en nuestros amigos del barrio. pensé en Roger y en la tarde que te conocí subiendo las escaleras de l'Escola de Música. eran unas escaleras larguísimas y había una terracita con bancos y nos sentábamos ahí mientras esperábamos que empezara la clase y nos comíamos el bocata y los bollicaos de estraperlo. Pensé en Roger y al llamarle no supimos qué decirnos. 
Para el día de tu funeral ya tenía las maletas medio empezadas, el billete de avión recién comprado y al día sguiente tenía hora para vacunarme de enfermedades lejanas. No sabía cómo iba a ser lo de ir al funeral de un amigo de siempre. No sabía cómo estaríamos, qué nos contaríamos, cómo lloraríamos. No lloramos mucho, o por lo menos no en el funeral. Nos encontramos todos, nos contamos lo que nos habíamos contado tú y yo el último día que nos encontramos en el carrer del carme. En qué andas, cuánto tiempo, estás igual, a ver cuándo nos vemos.
De vuelta a Barcelona quedé con mis padres para seguir con los preparativos de la mudanza. Y en algún punto de argenteria volví a tener los años que tenía cuando nos conocimos antes de empezar la clase de solfeo. Por primera vez en muchísimos años les dije lo que dejamos de decir cuando creemos ser adultos: no os muráis nunca, por favor. Y les dije, que no era justo que estuvieras muerto a pesar de no saber todavía lo que eso significaba.
Fuiste mi primer amigo muerto y eso significa una nueva forma de contar la vida. Otra medida de lo que vamos siendo. Puedo contar hacia atrás desde el día que nació mi hermano, desde el día que aprendí a leer, el día en que me vino la regla, el día que aprendí a hacer pompas de chicle, el día de la primera resaca, la noche que dormimos en el Parque del Oeste, la noche que me dijo que me quería, la noche que llegué a Dakar, las noches que no dormimos. Y el día que te moriste. 
 
Has sido muchísimas cosas en muy poco tiempo, joder hace cuatro años teníamos veintiocho años. Hace cuatro años tenía un abuelo y dos abuelas, ahora sólo tengo una y ningún abuelo. Hace cuatro años en mi cabeza sólo sonaban cuatro idiomas, ahora sé decir puta en siete lenguas. Hace cuatro años, vivía en una casa y a día de hoy he tenido por lo menos tres hogares. Hace cuatro años no había vivido el ramadán, ahora es mi plan de cada verano. Hace cuatro años escuchaba a John Coltrane a media tarde, hoy he puesto a Mulatu Astatké y ayer a Ibrahim Maalouf. 
 
Creo que a tí también te gustarían.

5 de jul. 2014

optimismo

el silencio es una letra que ni se escribe ni se pronuncia,
el slencio significa silencio
Naguib Surur





Tras un día lento como todas las horas de ayuno en ramadán, me llama un colega para ver qué plan. Pues ninguno, le digo, porque estoy de mal humor.
Un día de esos que te levantas envuelta de ese humor fino como papel de fumar del fino y empiezas a andar con mucho cuidado para que no se arrugue el papel de fumar que te envuelve, para que no se rasgue, para que no se queme. Y a pesar de los movimentos controlados, un torpe te arruga, un sádico te rasga y un pirómano te incendia la membrana de buen humor que te cubre el día.
Pues te paso a buscar y nos vamos a dar vueltas en coche. Yalla. Nuestros humores quemados, arrugados y rotos se fuman un cigarro tras otro ciudad arriba, ciudad abajo. Junto al mar primero, ida y vuelta de una punta a otra de la bahía. Por las calles de barrio bien después, contando los edificios derribados y los cafés chic de cartón piedra. Y adentrarnos haciendo eses por les callejas de mercadillo esquivando gatos hambrientos y señores con la panza llena de luna nueva.
Por el asfalto ha quedado la primera capa de regomello, en el salpicadero hemos escupido la segunda capa de puteo y flotan en el aire las razones de nuestros respectivos enfados. El trabajo que cuesta trabajar. La familia demasiado cerca, los amores demasiado lejos. La policia demasiado cerca, el futuro demasiado lejos. Y viceversa.
Nada, esto no mejora. Vamos a tomar una birra.


En la calle Saad Zaghloul, hay un restaurante dónde cocinan corazones. También cocinan riñones y koshari, pero la especialidad de la casa son los corazones. Es un local pequeño, tan pequeño que se desparrama sobre la calle. Diez mesas en la acera, un par de barras en el callejón de la esquina y dos carniceros vendiendo corazones crudos como puños, enfilados uno junto al otro tras el cristal del aparador. Tú decides si quieres el corazón entero, fileteado o picado. Si lo tomas asado o en adobe. Si te lo comes a pie de calle o te lo llevas puesto.
Y la decisión no es fácil. Hay mil maneras de comer un corazón.


Es ramadán y tomar birras no es cosa fácil. Como seguimos de un humor medio raro, decidimos ir a por todas y sentarnos en la terraza de un club griego junto al mar. Manteles blancos con ribetes azules, pescado fresco y gente guapa que bebe y mira al mar y se roza los pies por debajo de la mesa.
Bajo el balcón, una porción de playa privada y desierta con sombrillas pulcras y agua turbia. Un mar calmo con incrustaciones de yates y barquitas de recreo meneándose según sople el viento. Vista desde este extremo de la bahía, la ciudad se cierra como una ostra y parpadean las luces de ramadán en los balcones, perlas eléctricas en ayuno.
Nos reímos de la burocracia del alcohol en el mes sagrado, encargamos dos birras a cargo de mi pasaporte migrante y vamos vaciando el vaso a risas. Porque se puede uno reir mucho aún estando de mala leche. O precisamente porque se está de mala leche.
Que qué tengo? Pues que a veces esto es muy cansado. Que cada cierto tiempo tengo que calibrar la intensidad de mis risas con la intensidad del ahogo circundante. Que qué tengo? Pues que todo irá bien si nos portamos bien y que quien se mueve no sale en la foto porque quien se mueve acaba en el trullo. Que qué tengo? Pues eso, que he estado leyendo el periódico y ya pronto me baja la regla.
Y tú qué tal?


En la calle Saad Zaghloul hay un tenderte de flores que abre cuando quiere y cierra cuando puede. Cuando cierra, se quedan en el suelo los restos de pétalos de las rosas que no han comprado y las hojas sobrantes de los ramos vendidos. Junto al tenderete una pared ocre con cuatro carteles electorales. Todos iguales con la misma cara del mismo presidente. Algunos rasgados, algunos pintados, algunos intactos.
Pasa por mi lado un hombre con camiseta roja, gafas de sol y una lata de cocacola en la mano. Cigarro colgando cual john wayne del delta. Camina dando tumbos y hace como que habla por el móvil. A medio deambular, se detiene de golpe y vuelve hacia atrás. Se planta delante del primer cartel, mira a los ojos del presidente de papel y empieza a cantarle una saeta en árabe con la mirada fija. Modulando la voz al ritmo de las manos que suben y bajan ante la foto del caballero trajeado.
Deja de cantar y le da un sorbo a la cocacola. Cuatro pasos más adelante y vuelve a pararse. Retrocede hasta el segundo cartel y empieza a cantar de nuevo. A ritmo de nana le canta de nuevo al segundo retrato. Esta vez no se mueve, cabecea a penas con los ojos entrecerrados, masticando una canción con sabor a angustias.
Le quedan todavía dos presidentes idénticos por delante. Tras una pausa para tomar aire y otro trago, al tercero le canta a gritos, le canta pataleando por encima de los pétalos de rosa hechos picadillo. La lata de cocacola cae al suelo en pleno arrebato, le faltan manos para cantarle al muro, le falta voz para cantarle al jefe.
Y qué le cantó al cuarto póster?
Nada, cuando llegó al último cartel, se quedó quieto. Y no dijo nada.


Y esto por qué me lo cuentas? Pues no tengo ni idea. Porque me sentí a gusto en el último silencio. Que ahí andamos entre puteos y frustraciones al ritmo de una saeta, con nuestras birras marineras al ritmo de una nana, con nuestros kilómetros de punk. Quemando asfalto por encima del silencio.
Porque ahí no llega nadie. Ahí hemos escondido nuestro botín, que no nos roban porque no saben cuánto vale, que alimenta nuestras risas oscuras en medio del derrumbe. Entre las niebla de paredes ocres y presidentes de papel pintado.
Que ahí vamos, al silencio de los otros que son como nosotros y se ríen a nuestro lado pasando el rato en el café. O hablando al aire de los gritos impresos en el periódico. Esuchando música en silencio en los refugios provisionales de cada uno. Cerrando los ojos.

Un silencio. Un soplo en el corazón. 

 

25 d’abr. 2014

viernes

me huelen las manos a limón
los platos se amontonan en el lavadero
no sintoniza la tele el internet va cojo la panza llena
y la calle sigue sucediendo a ritmo de viernes disfrazado

seis meses y una cocina

descolgué cuadros de pirámides y abrí las ventanas
descorrí las cortinas y observé el mar y el cielo
vacié la nevera e hice la lista de la compra
cociné para la semana y recibí un sms

seis meses y una casa

encontré tónica en el súper
reciclé lona de toldo del mercadillo
lavé las sábanas y las toallas al son del muecín
leí un poco y pensé en compañías dispuestas para hoy

seis meses y un gintónic

esucho a los beatles por accidente y me gustan por sorpresa
reviso el periódico de mis tres países por ahora
imagino veladas en seis idiomas
y me fumo un cigarro

seis meses y un anhelo

cocinar para todos
en una casa flotante
dónde beber descalzos
las noches que nos esperan

12 de març 2014

Cosas que pasan cuando


trabajas junto al mar.

y en una ciudad desparramada entre el mar y el desierto empieza una de las últimas lluvias de la temporada. Tras un día de luces ocres y viento frío, empieza a caer el agua con goterones densos y preñados de arena. Suena a una bandada de cuervos picoteando las ventanas. Suena a las mil bocinas aturulladas en las calles. Suena a andar bajo la lluvia para volver a casa.

Y vienen las aguas de marzo rellenas de la arena que le robaron las nubes al desierto. Vienen las aguas de marzo deslizándose por el tobogán de un arco iris en cinemascope.

Te asomas al balcón de la oficina con afán de cazar la enésima estampa de un arco iris sobre el mar. Apuntas primero al cielo, luego al extremo derecho del arco, luego al extremo izquierdo. Y las franjas de color emergen desde la playa, ante tus narices. Hoy, durante un ratito, el arco iris estaba al alcance.

Después se lo ha llevado el viento, con la lluvia rebozada y crujiente. Nilo arriba hacia la capital.


hay huelga de transportes.

La lluvia ha durado poco. Coincide su tregua con tu camino a casa y aplicas la sabiduría local que dice que no hay coche que valga cuando son las 17'30h y está mojado el asfalto. Así que sorteas charcos hacia la estación del tramvía para acordarte una vez llegada que están huelga. Todos en huelga para reclamar el derecho a cobrar un salario mínimo, tan mínimo como caducado una vez llena la cesta de la compra.

En la horquilla de rieles que atraviesa la ciudad, decides caminar hacia casa parando en cada una de las paradas de tu tramvía invisible. Hoy no esquivarás taxis ni motos ni machotes sobre ruedas. Hoy no te escurrirás entre el bordillo, los coches y los hombres. Hoy en línea recta, entre las paralelas del tramvía. Hoy andado como los zombies en las películas por el caminito de los tramvías en coma. Siguiendo el éxodo de los oficinistas y los vagones.



son las 18h en la calle champollion.


Y llegas puntual a la clase de adiestramiento de palomas en los tejados. La habitual manada de palomos urbanitas empieza el entrenamiento diario para aprender a volar y volver. De cincuenta en cincuenta, le dan vueltas a la azotea de un edificio cenizo siguiendo las instrucciones de un palomero invisible a pie de calle.

Se alzan por encima de su torreón de madera, si rapunzel tuviera alas se habría rapado las trenzas. Y empiezan a girar como derviches alados por encima del domador, que cree poder domarlas a pesar de no poder volar. Vuelan, tal vez, para darle alas. Para que el día sea un poco menos pesado, para que escriba en el aire mientras ellas vuelan, las cartas que mandará de azotea en azotea a la internacional de domadores domados.



vas al cine y estás sola.


Dejas los trastos en casa te abrigas y sales de nuevo al viento. Y te metes en la sala de cine de una biblioteca de alejandría posmoderna y hormigonada. Eres la única en la sala. Empieza la peli y suena a tu anteayer en las calles de Dakar, junto al canal de Rufisque, a la orilla de otro mar más frío. Empieza la peli y se te relajan las orejas al sonido de una lengua extranjera cuyas superfícies conoces.

Las bandas sonoras de La Pirogue están llenas de tus amigos, tus casas, tus calles, tus ayeres rebozados de la arena de otra ciudad. Casi de otro mundo, casi de otra vida, casi de otra persona. Que eres tú hace unos meses. Caras conocidas actuando como si fueran personas que no conoces. Personajes que no conoces actuando una historia que se ha cocinado en los fogones de tu vecino.


llueve en el catorceavo.


Sales del cine y agradeces al proyectista con un jerejef, saludas al segurata con un masalama, compras birras en francés y le das al arbatashar del ascensor. Abres la puerta tu piso en las nubes y se te moja la punta de los pies con los charcos del naufragio. Arriba, tan arriba vives ahora que cuando llueve, las gotas que tienen vértigo se refugian en el suelo del comedor.

Hay que cerrar las compuertas y las persianas. Hay que achicar el agua del pasillo. Hay que ponerse el pijama y calentarse los pies. Hay que sentarse en sofá y conectar el GPS, trazar los trayectos recorridos desde esta atalaya prestada. Y retomar el rumbo en la lluvia, probablemente la última de marzo, antes de proseguir la deriva.

A nado, a vuelo, a tientas.

27 de gen. 2014

Café Hurreya - 26 de gener 2014



 
Hem passejat per carrers tranquils, amb gent de dissabte i cotxes que piten. Hem vist matrimonis de passeig, ell amb trajo ella amb bandera. Com qui res una bandera que penja com penja el bolso. Una extensió de la mà com les arracades a l'orella. Hem deambulat durant una hora pel bon costat del riu pels carrers nets d'un barri endreçat. I a la vora del Nil la Racha m'ha proposat entrar al parc. N'he oblidat el nom en àrab però vindria a ser alguna cosa com "el jardí dels peixos". Un parc prèvia entrada de 5 EGP, amb llacs secs i coves de artificials. Una sèrie de grutes enfilades que contenen peixeres brutes i aparadors il·luminats.
Parlem de Beirut i de Barcelona. Parlem d'El Caire i d'Alexandria caminant sota les ales dels rat-penats que ens xiulen. Parlem de l'altre costat del riu i de les persones que no estan al carrer. Que no estan al parc. Que no estan a la plaça. Que no estan a la presó. Que no estan al parlament. En parlem davant la mirada atenta dels peixos dissecats a les gàbies. Ens observa un tauró furiós, eixerreït i salvatge. Va ser-ho algun dia, esfereïdor i tauró. Ara és testimoni d'un grapat de paraules sentides que només escolten un estol de rat-penats sords. 
És el 25 de gener de 2014.
Fa una bona estona que han començat les desfilades al carrer. Cap a la celebració o cap a la mani. Cap als focs artificials o cap als trets. Amb la mirada absolutament esbiaixada miro cap a la finestra del cafè com ahir mirava cap a la pantalla de l'ordinador i cap a l'altre extrem del pont. Cap a la corrua de caràcters al mòbil mirant de desentrellar el significat carnal del que diuen les paraules que llegeixo. Paraules que diuen "anniversari" "amenaça" "revolució" "detenció" "procès". 
 
Un tauró dissecat dins d'una cova de pega, una revolució dissecada dins d'una plaça acordonada. Analogies agafades pels pèls com tot el que pretenc entendre. Cada cop em costa més dir les coses sense enlairar-me. Cada dia pesen menys les paraules que empro per dir allò que veig. Perque la futilesa del que veig conviu amb la futilesa del que ens expliquen. No seré jo qui descrigui caps esberlats i cel·les fosques. Jo no en sé res de tot això malgrat que les paraules dels altres m'ho expliquin.  
Jo sé la lleugeresa de les paraules que dic, de les paraules que diem discutint a crits al terrat d'un edifici a la vora del Nil. Cervesa, xixa, tramusos, te. Egipte, Líban, Palestina, Espanya. Discussions aferrissades i estràbiques. Mirades genuïnes i espantades amb una por en què només els noms difereixen. Noms que pesen més que la nostra conversa a l'aire. Una conversa que ni el fum de la xixa aguanta. Ens enfilem en un desacord de matisos, alguns espantats per la por al cos, alguns espantats per la por que vindrà. Però la por no és ni important ni nova.
A la taula de davant, un home borni i un home coix prenen un te i discuteixen. És el 26 de gener de 2014. Pesco paraules desendreçades, pesco noms propis de la política d'ahir i d'avui. Noms dels qui decideixen revolucions i transicions. A la taula de més enllà un home a contrallum llegeix el diari. Li veig els peus i la primera plana. Una amalgama de mans i caps i banderes congelades. 
Al diari és el 25 de gener de 2014, al cafè podria ser qualsevol dia.  Els noms, les banderes i els cossos no han canviat gaire. Ha canviat potser el pes dels mots que els anomenen i els ulls coixos que els aguanten.
 
****
 
Hemos paseado por calles tranquilas, con gente de sábado y coches que pitan. Hemos visto matrimonios de paseo, él con traje ella con bandera. Como si nada una bandera que cuelga como cuelga un bolso. Una extensión de la mano como los pendientes en la oreja. Hemos deambulado durante una hora por el lado bueno del río, por calles limpies de un barrio ordenado. Y cerca del Nilo Racha me ha propuesto entrar al parque. He olvidado el nombre en árabe pero sería algo como “el jardín de los peces”. Un parque previa entrada de 5 EGP, con lagos secos y cuevas artificiales. Una serie de grutas engarzadas con peceras sucias y escaparates iluminados.
Hablamos de Beirut y de Barcelona. Hablamos de El Cairo y de Alejandría bajo las alas de los murciélagos que nos silban. Hablamos del otro lado del río y de las personas que no están en la calle. Que no están en el parque. Que no están en la plaza. Que no están en la cárcel. Que no están en el parlamento. Hablamos bajo la mirada atenta de los peces disecados en las jaulas. Nos observa un tiburón furioso, amojamado y salvaje. Lo fue un día, aterrador y tiburón. Ahora es testigo de un puñado de palabras sentidas que sólo escuchan una bandada de murciélagos sordos.
Es el 25 de enero de 2014.
Hace un buen rato que han empezado los desfiles en la calle. Hacia la celebración o hacia la mani. Hacia los fuegos artificiales o hacia los tiros. Con la mirada absolutamente sesgada miro hacia la ventana del café como ayer miraba hacia la pantalla del ordenador y hacia el otro lado del puente. Hacia la hilera de caracteres en el móvil tratando de desentrañar el significado carnal de lo que dicen las palabras que leo. Palabras que dicen “aniversario” “amenaza” “revolución” “detención” “proceso”.
Un tiburón disecado en una cueva de pegote, una revolución disecada en una plaza acordonada. Analogías que se aguantan por los pelos como todo lo que pretendo entender. Cada vez me cuesta más decir las cosas sin alzar el vuelo. Cada día pesan menos las palabras que utilizo para decir lo que veo. Porque la futilidad de lo que veo convive con la futilidad de lo que nos cuentan. No seré yo quien describa cabezas reventadas y celdas oscuras. No tengo ni idea de eso, a pesar de que las palabras de los demás me lo explican.
Yo sé la ligereza de las palabras que digo, de las palabras que decimos discutiendo a gritos en la azotea de un edificio cerca del Nilo. Cerveza, shisha, altramuces, te. Egipto, Líbano, Palestina, España. Discusiones encarnizadas y estrábicas. Miradas genuinas y asustadas con un miedo en qué sólo los nombres difieren. Nombres que pesan más que nuestra conversación en el aire. Una conversación que ni el humo de la shisha aguanta. Nos encaramamos en un desacuerdo de matices, algunos asustados por el miedo en el cuerpo, algunos asustados por el miedo que vendrá. Pero el miedo no es ni importante ni nuevo.
En la mesa de enfrente, un hombre tuerto y un hombre cojo toman el té y discuten. Es el 26 de enero de 2014. Pesco palabras desordenadas, pesco nombres propios de la política de ayer y de hoy. Nombres de los que deciden revoluciones y transiciones. En la mesa siguiente un hombre a contraluz lee el periódico. Le veo los pies y la portada. Una amalgama de manos y cabezas y banderas congeladas.
En el periódico es el 25 de enero de 2014, en el café podría ser cualquier día. Los nombres, las banderas y los cuerpos no han cambiado mucho. Ha cambiado tal vez el peso de las palabras que les nombran y los ojos cojos que les aguantan.