25 d’abr. 2014

viernes

me huelen las manos a limón
los platos se amontonan en el lavadero
no sintoniza la tele el internet va cojo la panza llena
y la calle sigue sucediendo a ritmo de viernes disfrazado

seis meses y una cocina

descolgué cuadros de pirámides y abrí las ventanas
descorrí las cortinas y observé el mar y el cielo
vacié la nevera e hice la lista de la compra
cociné para la semana y recibí un sms

seis meses y una casa

encontré tónica en el súper
reciclé lona de toldo del mercadillo
lavé las sábanas y las toallas al son del muecín
leí un poco y pensé en compañías dispuestas para hoy

seis meses y un gintónic

esucho a los beatles por accidente y me gustan por sorpresa
reviso el periódico de mis tres países por ahora
imagino veladas en seis idiomas
y me fumo un cigarro

seis meses y un anhelo

cocinar para todos
en una casa flotante
dónde beber descalzos
las noches que nos esperan

12 de març 2014

Cosas que pasan cuando


trabajas junto al mar.

y en una ciudad desparramada entre el mar y el desierto empieza una de las últimas lluvias de la temporada. Tras un día de luces ocres y viento frío, empieza a caer el agua con goterones densos y preñados de arena. Suena a una bandada de cuervos picoteando las ventanas. Suena a las mil bocinas aturulladas en las calles. Suena a andar bajo la lluvia para volver a casa.

Y vienen las aguas de marzo rellenas de la arena que le robaron las nubes al desierto. Vienen las aguas de marzo deslizándose por el tobogán de un arco iris en cinemascope.

Te asomas al balcón de la oficina con afán de cazar la enésima estampa de un arco iris sobre el mar. Apuntas primero al cielo, luego al extremo derecho del arco, luego al extremo izquierdo. Y las franjas de color emergen desde la playa, ante tus narices. Hoy, durante un ratito, el arco iris estaba al alcance.

Después se lo ha llevado el viento, con la lluvia rebozada y crujiente. Nilo arriba hacia la capital.


hay huelga de transportes.

La lluvia ha durado poco. Coincide su tregua con tu camino a casa y aplicas la sabiduría local que dice que no hay coche que valga cuando son las 17'30h y está mojado el asfalto. Así que sorteas charcos hacia la estación del tramvía para acordarte una vez llegada que están huelga. Todos en huelga para reclamar el derecho a cobrar un salario mínimo, tan mínimo como caducado una vez llena la cesta de la compra.

En la horquilla de rieles que atraviesa la ciudad, decides caminar hacia casa parando en cada una de las paradas de tu tramvía invisible. Hoy no esquivarás taxis ni motos ni machotes sobre ruedas. Hoy no te escurrirás entre el bordillo, los coches y los hombres. Hoy en línea recta, entre las paralelas del tramvía. Hoy andado como los zombies en las películas por el caminito de los tramvías en coma. Siguiendo el éxodo de los oficinistas y los vagones.



son las 18h en la calle champollion.


Y llegas puntual a la clase de adiestramiento de palomas en los tejados. La habitual manada de palomos urbanitas empieza el entrenamiento diario para aprender a volar y volver. De cincuenta en cincuenta, le dan vueltas a la azotea de un edificio cenizo siguiendo las instrucciones de un palomero invisible a pie de calle.

Se alzan por encima de su torreón de madera, si rapunzel tuviera alas se habría rapado las trenzas. Y empiezan a girar como derviches alados por encima del domador, que cree poder domarlas a pesar de no poder volar. Vuelan, tal vez, para darle alas. Para que el día sea un poco menos pesado, para que escriba en el aire mientras ellas vuelan, las cartas que mandará de azotea en azotea a la internacional de domadores domados.



vas al cine y estás sola.


Dejas los trastos en casa te abrigas y sales de nuevo al viento. Y te metes en la sala de cine de una biblioteca de alejandría posmoderna y hormigonada. Eres la única en la sala. Empieza la peli y suena a tu anteayer en las calles de Dakar, junto al canal de Rufisque, a la orilla de otro mar más frío. Empieza la peli y se te relajan las orejas al sonido de una lengua extranjera cuyas superfícies conoces.

Las bandas sonoras de La Pirogue están llenas de tus amigos, tus casas, tus calles, tus ayeres rebozados de la arena de otra ciudad. Casi de otro mundo, casi de otra vida, casi de otra persona. Que eres tú hace unos meses. Caras conocidas actuando como si fueran personas que no conoces. Personajes que no conoces actuando una historia que se ha cocinado en los fogones de tu vecino.


llueve en el catorceavo.


Sales del cine y agradeces al proyectista con un jerejef, saludas al segurata con un masalama, compras birras en francés y le das al arbatashar del ascensor. Abres la puerta tu piso en las nubes y se te moja la punta de los pies con los charcos del naufragio. Arriba, tan arriba vives ahora que cuando llueve, las gotas que tienen vértigo se refugian en el suelo del comedor.

Hay que cerrar las compuertas y las persianas. Hay que achicar el agua del pasillo. Hay que ponerse el pijama y calentarse los pies. Hay que sentarse en sofá y conectar el GPS, trazar los trayectos recorridos desde esta atalaya prestada. Y retomar el rumbo en la lluvia, probablemente la última de marzo, antes de proseguir la deriva.

A nado, a vuelo, a tientas.

27 de gen. 2014

Café Hurreya - 26 de gener 2014



 
Hem passejat per carrers tranquils, amb gent de dissabte i cotxes que piten. Hem vist matrimonis de passeig, ell amb trajo ella amb bandera. Com qui res una bandera que penja com penja el bolso. Una extensió de la mà com les arracades a l'orella. Hem deambulat durant una hora pel bon costat del riu pels carrers nets d'un barri endreçat. I a la vora del Nil la Racha m'ha proposat entrar al parc. N'he oblidat el nom en àrab però vindria a ser alguna cosa com "el jardí dels peixos". Un parc prèvia entrada de 5 EGP, amb llacs secs i coves de artificials. Una sèrie de grutes enfilades que contenen peixeres brutes i aparadors il·luminats.
Parlem de Beirut i de Barcelona. Parlem d'El Caire i d'Alexandria caminant sota les ales dels rat-penats que ens xiulen. Parlem de l'altre costat del riu i de les persones que no estan al carrer. Que no estan al parc. Que no estan a la plaça. Que no estan a la presó. Que no estan al parlament. En parlem davant la mirada atenta dels peixos dissecats a les gàbies. Ens observa un tauró furiós, eixerreït i salvatge. Va ser-ho algun dia, esfereïdor i tauró. Ara és testimoni d'un grapat de paraules sentides que només escolten un estol de rat-penats sords. 
És el 25 de gener de 2014.
Fa una bona estona que han començat les desfilades al carrer. Cap a la celebració o cap a la mani. Cap als focs artificials o cap als trets. Amb la mirada absolutament esbiaixada miro cap a la finestra del cafè com ahir mirava cap a la pantalla de l'ordinador i cap a l'altre extrem del pont. Cap a la corrua de caràcters al mòbil mirant de desentrellar el significat carnal del que diuen les paraules que llegeixo. Paraules que diuen "anniversari" "amenaça" "revolució" "detenció" "procès". 
 
Un tauró dissecat dins d'una cova de pega, una revolució dissecada dins d'una plaça acordonada. Analogies agafades pels pèls com tot el que pretenc entendre. Cada cop em costa més dir les coses sense enlairar-me. Cada dia pesen menys les paraules que empro per dir allò que veig. Perque la futilesa del que veig conviu amb la futilesa del que ens expliquen. No seré jo qui descrigui caps esberlats i cel·les fosques. Jo no en sé res de tot això malgrat que les paraules dels altres m'ho expliquin.  
Jo sé la lleugeresa de les paraules que dic, de les paraules que diem discutint a crits al terrat d'un edifici a la vora del Nil. Cervesa, xixa, tramusos, te. Egipte, Líban, Palestina, Espanya. Discussions aferrissades i estràbiques. Mirades genuïnes i espantades amb una por en què només els noms difereixen. Noms que pesen més que la nostra conversa a l'aire. Una conversa que ni el fum de la xixa aguanta. Ens enfilem en un desacord de matisos, alguns espantats per la por al cos, alguns espantats per la por que vindrà. Però la por no és ni important ni nova.
A la taula de davant, un home borni i un home coix prenen un te i discuteixen. És el 26 de gener de 2014. Pesco paraules desendreçades, pesco noms propis de la política d'ahir i d'avui. Noms dels qui decideixen revolucions i transicions. A la taula de més enllà un home a contrallum llegeix el diari. Li veig els peus i la primera plana. Una amalgama de mans i caps i banderes congelades. 
Al diari és el 25 de gener de 2014, al cafè podria ser qualsevol dia.  Els noms, les banderes i els cossos no han canviat gaire. Ha canviat potser el pes dels mots que els anomenen i els ulls coixos que els aguanten.
 
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Hemos paseado por calles tranquilas, con gente de sábado y coches que pitan. Hemos visto matrimonios de paseo, él con traje ella con bandera. Como si nada una bandera que cuelga como cuelga un bolso. Una extensión de la mano como los pendientes en la oreja. Hemos deambulado durante una hora por el lado bueno del río, por calles limpies de un barrio ordenado. Y cerca del Nilo Racha me ha propuesto entrar al parque. He olvidado el nombre en árabe pero sería algo como “el jardín de los peces”. Un parque previa entrada de 5 EGP, con lagos secos y cuevas artificiales. Una serie de grutas engarzadas con peceras sucias y escaparates iluminados.
Hablamos de Beirut y de Barcelona. Hablamos de El Cairo y de Alejandría bajo las alas de los murciélagos que nos silban. Hablamos del otro lado del río y de las personas que no están en la calle. Que no están en el parque. Que no están en la plaza. Que no están en la cárcel. Que no están en el parlamento. Hablamos bajo la mirada atenta de los peces disecados en las jaulas. Nos observa un tiburón furioso, amojamado y salvaje. Lo fue un día, aterrador y tiburón. Ahora es testigo de un puñado de palabras sentidas que sólo escuchan una bandada de murciélagos sordos.
Es el 25 de enero de 2014.
Hace un buen rato que han empezado los desfiles en la calle. Hacia la celebración o hacia la mani. Hacia los fuegos artificiales o hacia los tiros. Con la mirada absolutamente sesgada miro hacia la ventana del café como ayer miraba hacia la pantalla del ordenador y hacia el otro lado del puente. Hacia la hilera de caracteres en el móvil tratando de desentrañar el significado carnal de lo que dicen las palabras que leo. Palabras que dicen “aniversario” “amenaza” “revolución” “detención” “proceso”.
Un tiburón disecado en una cueva de pegote, una revolución disecada en una plaza acordonada. Analogías que se aguantan por los pelos como todo lo que pretendo entender. Cada vez me cuesta más decir las cosas sin alzar el vuelo. Cada día pesan menos las palabras que utilizo para decir lo que veo. Porque la futilidad de lo que veo convive con la futilidad de lo que nos cuentan. No seré yo quien describa cabezas reventadas y celdas oscuras. No tengo ni idea de eso, a pesar de que las palabras de los demás me lo explican.
Yo sé la ligereza de las palabras que digo, de las palabras que decimos discutiendo a gritos en la azotea de un edificio cerca del Nilo. Cerveza, shisha, altramuces, te. Egipto, Líbano, Palestina, España. Discusiones encarnizadas y estrábicas. Miradas genuinas y asustadas con un miedo en qué sólo los nombres difieren. Nombres que pesan más que nuestra conversación en el aire. Una conversación que ni el humo de la shisha aguanta. Nos encaramamos en un desacuerdo de matices, algunos asustados por el miedo en el cuerpo, algunos asustados por el miedo que vendrá. Pero el miedo no es ni importante ni nuevo.
En la mesa de enfrente, un hombre tuerto y un hombre cojo toman el té y discuten. Es el 26 de enero de 2014. Pesco palabras desordenadas, pesco nombres propios de la política de ayer y de hoy. Nombres de los que deciden revoluciones y transiciones. En la mesa siguiente un hombre a contraluz lee el periódico. Le veo los pies y la portada. Una amalgama de manos y cabezas y banderas congeladas.
En el periódico es el 25 de enero de 2014, en el café podría ser cualquier día. Los nombres, las banderas y los cuerpos no han cambiado mucho. Ha cambiado tal vez el peso de las palabras que les nombran y los ojos cojos que les aguantan.
 
 
 
 


18 de nov. 2013

Cafè Tugareya - 17 de novembre 2013


Surto d’una reunió per fumar un cigarro i ventilar les idees. Fa fred, acaba d’arribar el fred. Com qui no vol la cosa, un arc de sant martí abans de la pluja ens avisava aquest matí. Encenc el cigarro i la Nadia em saluda. Les sorpreses i les coincidències fan d’aquesta ciutat un lloc esfereïdorament acollidor. Por de conèixer i reconèixer tanta gent, tan aviat. Amb tan poc esforç.

Tan poc esforç com trobar-me amb la cara extranya de la Nadia que per casualitat i de bon matí em diu: “M’agrades. Ets lliure i parles simple”. No sé què fer amb aquest afalac de perles que posa un mirall nou davant la meva imatge trencada.

Tinc la sensació d’haver arribat aquí per escurçar la distància entre qui sóc i qui crec ser. Recomposar els reflexos trencats amb què mil miralls deformats m’omplien  els ulls. El mirall de la Nadia parla d’una persona que no sabia ser. Mostra una marta magníficament fluïda i fora de lloc. Fora d’un lloc que rebutjo tenir, perque vull ser de molts llocs a la vegada.

Del lloc on uns braços llargs m’abracin. Del lloc on llegeixen els meus mails inconstants. Vull ser del lloc on ens inventem les històries. Vull ser del lloc on l’àvia respon al telèfon. Vull ser del lloc on encara no he arribat, del lloc que potser no existeix però m’espera. Ser del lloc on el mirall sóc jo. Ser l’alfabet sobre la sorra abans de la pluja. Paraula mullada després de l’onada.

Ser lliure i simple com diu la Nadia.

Fa dies que m’escolto el riure quan em fan riure. I una marta antiga i renovada se m’esmuny entre els llavis. Reconec la cançó que em canten les dents i em demano on havia oblidat la partitura. Potser darrere el mirall, a les pestanyes de qui em mirava, als diccionaris que no vaig escriure.

Però un mirall davant d’un altre mirall reflecteix a l’infinit una imatge que queda buida. Trieu la marta que més us convingui, són totes vostres. I jo m’invento equivocadament aquella que es queda sola rient a l’aire. Aquella que es va buidant a força de dormir sola, de viatjar sola, d’escriure sola, esgarrapant fraccions d’afecte per recomposar una soledat acompanyada. Sense suor ni pèls als llençols ni petons a la cuina.

Ets lliure i simple.

I queda molt poc espai al laberint d’imatges de mi mateixa per estimar-me i que m’estimin. Perque algú, una estona, s’atreveixi a ballar amb mi i el meu diccionari.

 

30 d’oct. 2013

Cafè Asteria - 19 octubre 2013


Torno de dia al meu bar de costum. Quarta vegada en vint dies. Ja en fa vint. I m’assec per prendre un suc de llimona i descansar els peus després d’un passeig de diumenge que cau en dissabte. A l’altra banda de l’aparador hi ha un cinema. En cartellera en Robert Downey Jr amb cara de tarat i un actor egipci amb cara de malote. Sessió doble d’ulls desorbitats.

Una cua d’adolescents endiumenjats celebren que és festa i que un cop dins, la sala és fosca. Les noies en rotllana formen un ventall de colors vius, un mostrari des del verd llimona fins al negre nit. Estampats d’efectes òptics que obren una tercera dimensió a l’elegància de la pell coberta. Els nois es miren i se les miren. Les parelles joves van del bracet com si fes anys que s’estimen, com si ja no calgués esgarrapar-li a la nit un tros de nit a les palpentes.

Ha començat el dissabte d’hora al matí amb visita a l’advocat per signar el contracte de lloguer. Ja ho tinc pràcticament tot signat. La feina, l’assegurança, el lloguer. Queda només rebre’n els fruits: el sou, els medicaments, el sostre. Queda només construir la manera de viure aquí i que aquest aquí m’habiti. L’advocat ens ha rebut en qualitat de porter dels secrets d’una ciutat escampada. Un ancià tremolós, un cos vell disposat a carregar amb tot el pes del mot ancià. A ningú com a ell li esqueia avui una paraula tan bella. Un despatx esquerdat al fons d’una altra època. Una taula plena de vestigis d’altri, on s’apila ara el meu nom rubricat per donar fe d’això que no sé què és pero que definitivament comença.

I ara, a l’altre cap del carrer, un acomodador avisa a crits que la sessió de les 15h ja comença. I el ramat de colors i mirades furtives entra a la sala. Un cop dins els grups d’adolescents jugaran a les cadires, creuant els dits per poder seure al costat d’un cos que es deixi. D’algun cos que respiri nerviós quan els colzes es freguin a les fosques. D’algun cúmul de carn palpitant sota la roba que també desitgi donar sortida al cos més enllà del somriure.

Prop de la taquilla un rètol antic en àrab i en anglès indica “now showing” sobre una cartellera en blanc escrostonat. Deixant l’espai obert per anuncia allò que no es mostra però esdevindrà al final d’una tarda de dissabte al cinema. Al final del primer dia que em vaig perdre per Mansheya celebrant la signatura del meu enèssim començament.

1 d’oct. 2013

Cafè Asteria – Mahtet el Raml


Primera cervesa sola a Alexandria.
Cafè de fusta, sofàs d'estació dels cinquanta, finestrals eterns, cadires amb solera.
Cervesa tèbia amb tapa de cogombre i olivetes amargants.
La làmpada del sostre fa pampallugues, està a les últimes, com jo avui.
A la sala del cafè on m'he instal·lat no hi ha cap quadre. Només dos cartellets vermells distribuïts per les parets. Un cartel avisa “danger” i l'altre indica “emergency exit only” i una fletxa desdibuixada guia la mirada cap a l'interior del bar. Cap a la segona sala, més fosca i sense sortida aparent. Només en cas de sortides desesperades entrar el fons del bar por ser una bona idea. Només en cas d'emergència.
Sóc a un cafè buit, en una ciutat nova, de nou a la casella de sortida. Sortida d'emergència.
Entrant a les palpentes a un repertori de carrers lleugerament familiar. Acostumada a la total extranyesa dels carrers de sorra dakarians, aquests cinemes antiquats, aquests immobles d'eixample egipci, se'm fan familiarment extranys. I m'entra una mena de pressa extranya per deixar de ser una total estrangera.
No tant per arribar al punt de la fusió mimètica, sinó per caminar ferma per una ciutat que fa olor de casa. Una flaire de poema del Goytisolo, amb menys gintònic i més noies trenades, més merceditas i mitjons llargs, més bassals de nostàlgia de la Piazza Sant'Alessandro. Més fum a les parets, menys ciutats modèliques.
Intueixo des d'ara mateix que estaré enamorada i enrabiada a parts igual d'aquest lloc, que em sembla ara mateix incomensurable i mític, com Manhattan i com Alexandria.
Ja no estic sola al cafè, davant meu una senyorassa fa menjar sandwich amb ketchup als seus fills adolescents. Al meus cafès d'abans, de Dakar, hi anàvem les dones de mal viure i els homes de mal beure. Als cafès d'ara, d'Alexandria, hi entren famílies de mitja tarda.
Hi entro jo seguint la fletxa, cap al fons del bar, buscant la sortida d'emergència.

4 de set. 2013

escritorio



Un día la ciudad es pequeña como un cajón pequeño. Un cajón que es tuyo. Un cajón cuya madera compraste. Le diste las medidas al carpintero, escogiste los tiradores, pensaste el mejor lugar para ese cajón, de ese escritorio, en esa casa, en esa ciudad.

Pero cada vez más a menudo te despiertas a media noche y todavía no ha amanecido dentro del cajón, del escritorio, de la casa, de la ciudad. En duermevela tardas un rato en entender que si todo está oscuro es porque es de noche y te despertaste dentro de un cajón. En un escritorio. En una casa. En una ciudad. Que escogiste.

Una parcela de aire que has construido a duras penas con decisiones más o menos tuyas, en función del destinatario del currículum. Equis centrímetros cuadrados de intimidad en los cuales redactas cada día y cada noche las fuerzas que te faltan al despertar y los anhelos con que te acuestas. Equis centímetros de tí en los que te ahogas o surfeas o navegas según salgan las cosas. Según sople el viento en esta ciudad que alberga tu casa, tu habitación, tu escritorio, tu cajón.

Y pasan los días como pasan los años y las semanas y se llenan los cajones y las ciudades de ejercicios de física para principiantes. Los vasos comunicantes comunican los recuerdos de tus ciudades en un puente aéreo de teclado en teclado, con el low cost de tu sonrisa o de su arquitectura o de lo que sucedió por el camino.

Comunican en casa cuando les llamas, olvidaste otra vez que tus 21h son sus 23h y ya es hora de acostarse. Comunicas en el cajón cuando te llaman, no saben que tus 10h no son nada porque en el cajón cada día amanece más tarde, porque tu cajón en una ciudad lejana es la guarida perfecta para los náufragos. Porque en tu cajón, amanece cuando tú puedes y anochece tras el último rezo.

Porque tu cajón, en esta ciudad de almas, es tan ancho como la paciencia de tus vecinos que por las mañanas riegan con agüita fresca el umbral de su casa. Que por las mañanas amanecen ellos y su colección de ancestros, que tienen la boca seca aún siendo ánimas, y les da apuro dar los buenos días sin haber bebido nada.

En esta ciudad de almas puede que amanezcas en un cajón, pero el día te llevará dónde la vida (la tuya y las de tus muertos) te lleve. Y eso es bueno y eso es malo. Y eso es la puta vida perra que escogiste al redactar tu currículum, aunque de eso ni te enteraste. Entre los párrafos de tu currículum, las vetas de la madera que elegiste en la parada del carpintero, los clavos con que cambiaste los tiradores, las marcas de lo escrito sobre la mesa, los residuos de lo leído a media luz.

Despiertas a veces en un cajón de un escritorio en una casa de una ciudad. Despiertas en Dakar pero nunca crees que sea completamente de día. De día será cuando lo entiendas todo con una ojeada. Cuando caces al vuelo los cotilleos de las vecinas en casa del costurero. Cuando el sol brille en tu cajón tantas horas como en el de tu vecino.

Cuando Ali, Ibou, Angie, Aziz o Ndèye se despierten en duermevela dentro de su cajón. Y en su cajón quepas tú entera. Cuando en su escritorio haya algún rastro de tu ortografía desconchada. Cuando en su casa, en la puta casa que algún día tendremos, tus recuerdos rieguen la puerta por las mañanas para abrevar la memoria sedienta de unos ancestros que sólo quieren saber quiénes somos al despertar. Que sólo quieren preguntarnos cómo nos ha tratado la noche en una ciudad cada día más estrecha para albergar nuestros recuerdos.

Cuando la ciudad, cualquier ciudad, tenga la memoria holgada. La memoria abierta para que quepan las letras que soñamos de noche en el cajón, que escupimos sobre el barniz del escritorio, que cocinamos bajo el techo de nuestras casas, que redactamos en las calles de esta ciudad, cualquier ciudad. Cualquier ciudad que hoy es Dakar y mañana será el mundo.

Un mundo que nos desvele de madrugada para decirnos: mañana te mueres. Que tu día sea largo. Tan largo como el recuerdo de los secretos psicotrópicos de tu ciudad, cualquier ciudad. Tan largo como las cuestas de las últimas voluntades y las listas de la compra. Largo tu día com los atascos por la mañana. Largo y terso como las sábanas de una cama bien hecha antes de deshacerla, antes que se desmorone el mundo en un cajón. Antes de que tu historia sin redactar se desparrame por los cajones, por las mesas, por las casas, por las ciudades.

Por los días sin terminar de las historias que nadie escribe porque se quedan en un cajón, muertas de asco para distraer a los muertos. A los ancestros que cada mañana piden un vaso de agua para lavarse las legañas. Tras noches enteras leyendo historias muertas.