07/03/2011

5. EL TIEMPO DE LOS ASTRONAUTAS - Diálogos imaginarios con mi abuela

Hoy le he contado a la chica de la pescadería que vives en Africa y no se lo creía. Me decía que si eras monja, ¿tú te crees? anda que sólo me faltaba a mi una nieta monja! He intentado explicarle que no eres misionera ni médico ni maestra ni nada de eso. Que tú eras otra cosa. Pero la verdad es que me cuesta mucho explicárselo a la gente.
Quiero decir que yo ya he entendido que tu trabajo es de mucho viajar y todo eso, la cosa es que cuando tú me lo explicas yo lo veo muy claro, pero cuando me toca a mí decírselo a otros me lío. No me sale el nombre del sitio dónde vives, ni de la gente con quién trabajas. No son religiosos, eso ya lo sé yo, pero entonces ¿por qué estáis ahí?
Si lo he entendido bien lo que haces no es política, ¿verdad?
En mi época cuando los chicos se metían en política una se daba cuenta muy rápido. Y a ellos les gustaba pensar que era un secreto. De repente un día empezaban a mirar de reojo y arrugaban los manteles cuando no les gustaba la conversación en la mesa. Cada vez entornaban un poco más la puerta de la habitación y dedicaban más horas al estudio. Y un buen día venían a buscarlos a casa y nadie sabía porque. Aunque todos lo sabíamos.
Sin embargo lo que tú haces es distinto. Eso ya lo sé. Para empezar a ti te pagan un sueldo, figúrate.
No sé qué males me entraron cuando me dijiste que te ibas. No habrá sitios en el mundo para trabajar, que la niña tiene que irse a África. Y además nos tocaba estar contentos. Que es una oportunidad muy buena, que aquí no hay trabajo, que hay muchos aviones, que si eso y lo otro. Pero yo no sé, de repente te imaginé rodeada de negros pasando hambre y tuve mucho miedo. Que no es porque sean negros, eso ya lo sabes, pero es que se oye cada cosa en las noticias…
¡Y luego para arreglarlo vas y me dices que podemos hablar por internet! ay niña, el internet me ha llegado a mi una vida y media más tarde.
En el fondo a mi lo que me preocupa es que tú estés bien y que seas feliz. De corazón te lo digo. Pero a veces, fregando los platos, o después de cenar, o en la pescadería pienso que me gustaría verte. Por lo de abrazarte un ratito y que me cuentes los libros que has leído últimamente. No te creas que pienso en eso todo el día, tampoco vamos a exagerar.
Pero cuando lo pienso me acuerdo de tu abuelo y de cómo se sentaba en el comedor con el periódico en la mesa, unas tijeras y la enciclopedia para mirar los mapas. Se pasaba un par de horitas investigando todo lo que pasaba en el lugar del mundo dónde tú estabas y cuando encontraba alguna noticia que hablara de ese rincón, la recortaba. Y luego la leía muchas veces hasta que la entendía. Y lo que no entendía lo buscaba en la enciclopedia. Y cuando ya lo tenía claro, me llamaba y me lo explicaba poquito a poco, para que no se me escapara ningún detalle. A saber dónde estarán las carpetas que llenó con todos esos recortes.
Ahora tengo que esperar a que tú llames para preguntarte estas cosas. Y mientras no me llamas, pues tendré que inventarme alguna respuesta para Rosita, la del pescado, que sino se creerá que eres misionera.

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