Ya sé que he tardado mucho en mandarte la receta que me pedías, pero no te creas tú que es fácil arrancarle un secreto de cocina a las doñas de por aquí. Aunque en realidad no tiene nada que ver con los secretos, tiene que ver con el tiempo. Con el tiempo que tienen las señoras para hablar y para cocinar y para escucharse y para escucharte y, a lo mejor, responderte. Abstraídas en un mundo de arena de playa por los rincones y escobas de palma.
Te advierto desde ahora mismo que la receta que te mando no debes tomártela demasiado a pecho. Porque es una receta remendada, hecha a base de retales de recetas que creí entenderles a las madres que cocinan agachadas ante el hornillo de butano. También es la receta que pontificaron las abuelas desparramadas en el trono matriarcal de los comedores de día festivo. Las medidas y los tiempos de cocción los han contrastado científicamente secretarias elegantes y administrativas pomposas. Lo demás lo he intuido entre mordisco y mordisco. Y lo que me faltaba lo he sacado de internet.
Pero no te asustes, que es un plato tan sencillo como su nombre, Cebudjen: arroz con pescado, sin trampa ni cartón.
Necesitas:
1 thiof, que es algo parecido a un mero.
2 ajos
2 cebollas
3 zanahorias
½ col blanca
1 pedazo de puerro
1 tubérculo de mandioca y si no encuentras en el mercado, pues con una patata te vale
1 jakato, lo único que he podido sacar el claro es que es la versión africana de la berenjena, así que ponle violeta al arroz y que sea lo que dios quiera
1 pimiento habanero, esos de color rojo que parecen de juguete
1 pedazo de quedjef y de yete, esto no creo que lo encuentres, ni yo misma tengo muy claro qué es. Según mis cálculos es una mezcla muy divertida de pescado seco y de gambas diminutas que se utiliza para condimentar
perejil
arroz
2 cubitos maggi, que curiosamente aquí resultan imprescindibles para cocinar lo que sea. Son las cosas de la globalización, imagino.
1 bote de tomate concentrado
sal y pimienta
Para prepararlo tienes que empezar por picar el ajo, el perejil y una cebolla. Y si eres valiente le añades pimientito habanero que pica fresco y veraniego. Atiborras el pescado con toda esta picadura, bien apretadito para que se empape de picores y se rasque con aceite caliente en la sartén.
Por otro lado hay que preparar un sofrito universal de cebolla y tomate concentrado que tendrás que ir regando con agua para que se crezca.
A este sofrito fundamental hay que añadirle todas las verduras cortadas en pedazos, que cuando se cocinan en un patio de barrio suelen ser grandes y en los fogones urbanos son finos y afrancesados. Tú verás cómo los prefieres, aunque llegadas hasta aquí supongo que te saldrá el corte acostumbrado de las verduras de invierno, los macarrones de sábado y las paellas vacacionales.
Las verduras las tendrás que acicalar con pimienta y cubitos maggi, que vienen a ser como el rímmel de las mujeres endomingadas.
Y chup-chup durante tres cuartos de hora.
El arroz del cebudjen es caprichoso como las mujeres elegantes y hay que cocerlo primero al vapor, a modo de sauna para que luego se ponga el vestido de cola de mero.
Cuando las verduras ya estén casi deshilachadas de tanto cocer, les añades un rato el pescado para que se vayan conociendo. Un cuarto de hora a lo sumo, lo justo para que se gusten sin llegar a consumar. Si has encontrado el aderezo de gambas microscópicas y pescado seco, se lo echas para darle al baile una brisa marinera. Y después como una cenicienta en salazón, sacas el pescado antes de medianoche y pasas las verduras por chino.
Mientras las verduras y el pescado recuperan el aliento pones a hervir el arroz, con poquita agua mezclada con una cucharada de salsa de verduras. Deja que se tome su tiempo para decidir cómo se peina y qué zapatos se pone. Piensa que al final de esta verbena tendrá que bailar con un mero picantón y malintencionado sin perder la compostura.
Cuando tengas al arroz decidido, le presentas oficialmente al pescado y a su corte de verduras trituradas, les das un hervor para que se atrevan a dar el primer paso y cuando empiecen a encadenar los compases de un vals habanero, apagas el fuego para que siga la fiesta en la mesa.
2 comentarios:
La cocina de colores. Me recuerda a un domingo de primavera en el Baobab, Lavapiés. Y los colores.
F.A.
Dios MArta,.... llegin-te m'ha arribat la oloreta,... l'escalfor del Cebudjen i fins la suor després de menjar per equivocació la punteta del pebrot,... adoro llegir-te.
Petons!
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